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miércoles, 16 de agosto de 2017

La España vacía. Viaje por un país que nunca fue, de Sergio del Molino

@sergiodelmolino Sergio del Molino es un periodista y autor madrileño, nacido en 1979 y afincado en Zaragoza, que debutó en la literatura en 2009 y alcanzó reconocimiento en 2013 con su novela «La hora violeta» al recibir los premios Ojo Crítico de Narrativa y Tigre Juan. En 2014 publicó «Lo que a nadie importa», una anticipación en cierto modo de la novela que hoy comentamos «La España vacía», publicado en 2016. Para el próximo mes de septiembre de 2017 está anunciada la publicación de su nuevo trabajo titulado «La mirada de los peces». En la actualidad está escribiendo una serie de artículos sobre pueblos olvidados para el diario El País y dispone de un blog personal accesible en este enlace, pero se necesita autorización para acceder a él.



Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.   
Antonio Machado

En este ensayo se desarrolla la idea de las dos Españas, la de las ciudades y la del mundo rural cuasi despoblado. Los desequilibrios profundos entre ambas siempre han existido pero se han acrecentado en la actualidad hasta el punto de afectar significativamente a sus habitantes. «La España vacía» comprendería en términos geográficos la Meseta y la Depresión del Ebro, es decir, las dos Castillas, Madrid (sin la capital y su área metropolitana), Extremadura, Rioja y Aragón. Grandes literatos como Machado, Azorín o Unamuno o cineastas como Buñuel o Almodóvar han dejado un significativo rastro de geografías y personajes que reseñados en el ensayo no dejan indiferentes al lector, que según su edad, se reconocerá en ellos en mayor o menor medida. El paso de los años y el progreso han dejado su huella en muchas regiones de la España interior, la España profunda, haciendo desaparecer pueblos en el abandono o conformando sus formas de vida de manera peculiar. Muy interesantes los apuntes sobre las iniciativas surgidas en los años treinta desde la Residencia de Estudiantes con sus Misiones Pedagógicas para culturizar a la gente del campo.

A la España vacía le falta un relato en el que reconocerse. Las historias que la cuentan complacen a quienes no viven en ella y halagan dos clases de prejuicios: los de la España negra y los del beatus ille. Los primeros se difunden por el telediario. Los segundos, en la guía Michelin. Infierno o paraíso. No hay término medio.


Me ha gustado la sensibilidad plasmada por el autor al describir paisajes y personas de una España que me gustaba recorrer allá en los años setenta del siglo pasado, tratando de suavizar las tensiones entre las ciudades y un campo cada vez más olvidado. Comarcas como Las Hurdes o la vecina Sierra de Francia han cambiado en la actualidad su fisonomía y no son ya nada de lo que antaño fueron. Otras se han sumido en el abandono y en el olvido. Muy de agradecer las numerosas referencias, pistas, que contiene el libro en sus viajes por las obras y películas relacionadas con el tema, algunas grandes clásicos de la literatura y el cine y otras seguramente desconocidas para el lector. La concentración de la población en las grandes ciudades y sus aledaños ha propiciado el abandono de lo rural, a donde se vuelve de manera testimonial en verano.

La lucha por recuperar vitalidad en esa España vacía es dura pero cuando se consigue no siempre las relaciones entre sus habitantes son fructíferas, pudiendo acabar en tragedias que alimenten las historias de la «España negra» como la archiconocida de Puerto Hurraco y la no tanto de Fago. Puede que las modernas tecnologías y los desarrollos en las comunicaciones tengan mecanismos ocultos que permitan el regreso de población desde las ciudades para llenar esa España vacía. La vida unos días en verano es agradable pero no lo parece tanto en medio del invierno, por lo que se comprende perfectamente a los qua abandonan sus pueblos de origen, especialmente los jóvenes, en busca de una vida mejor. En resumen, un buen libro que establece sólidas bases para otros muchos desarrollos posteriores de un tema más que interesante y actual. Muchos de los pobladores de la «España llena», de una cierta edad eso sí, tienen todavía profundo arraigo en la «España vacía», por lo que ambas, por el momento, están interconectadas.

jueves, 3 de agosto de 2017

Los herederos de la tierra de Ildefonso Falcones

@FalconesOficial Ildefonso Falcones de Sierra es un abogado y escritor español, nacido en Barcelona en 1959. Se dio a conocer como escritor, alcanzando gran éxito, con la publicación en 2006 de su primera novela, «La Catedral del mar», en la que empleó cinco años de trabajo. En su juventud destacaba en algunos deportes, como jinete de saltos o hockey sobre hierba pero el fallecimiento de su padre cuando contaba dieciséis años le hizo enfocarse en sus estudios de Derecho y Economía, teniendo que abandonar esta segunda carrera para tener un trabajo remunerado compatible con sus estudios. En la actualidad ejerce como letrado en su propio bufete pero compaginándolo con su pasión por la literatura y la escritura. Esta que comentamos hoy es su cuarta novela, tras la publicadas y reseñadas en este blog «La mano de Fátima» y «La reina descalza». Más información en su página web personal.

El autor retoma en este libro la atmósfera de «La Catedral del Mar» con referencias a algunos personajes de la misma, pero sin que pueda considerarse, en mi opinión, una continuación. Hugo Llor es el protagonista, hijo de un marinero fallecido en el mar que a sus doce años trabaja en las atarazanas gracias a Arnau Estanyol, un hombre hecho a sí mismo y muy querido en la ciudad que fue el protagonista de «La Catedral del Mar». Hugo quiere llegar a ser constructor de barcos, maestre d'aixa, pero se ve envuelto en unos sucesos en los que la familia Puig cobra una venganza acariciada durante años al llevar al patíbulo a Arnau y hacerse con todos sus bienes. Tanto Hugo como Bernat, hijo de Arnau, jurarán venganza aunque llevaran caminos distintos con algunas conexiones a lo largo de la historia. Hugo abandona su trabajo en las atarazanas y toma contacto con el mundo del vino, al que dedicará su vida. Su vida transcurrirá por numerosas vicisitudes, caídas y recuperaciones, mientras Bernat se convierte en un corsario que con el tiempo llegará a ser el almirante de la armada real y podrá cobrar la venganza largamente esperada sobre la familia Puig, asesina de su padre. Las vidas de Hugo y Bernat sufrirán serios encontronazos a lo largo de los años que exacerbarán sus diferencias.

Recuerdo con agrado la lectura hace diez años de «La Catedral del Mar» pero me he encontrado en algunas ocasiones que la lectura de «Los herederos de la tierra» se me ponía cuesta arriba. El mantenimiento de su dignidad lleva a Hugo Llor a numerosas situaciones que se tratan, a mi entender, de forma repetitiva y hasta cansina en la novela, bien escritas y bien desarrolladas, eso sí, pero que llevan al lector al conocido efecto de «dejà vu». Resumiendo, que a mi entender creo que le sobran unas cuantas páginas a la novela, aunque los lectores que gusten de este ambiente disfrutarán con las descripciones repetidas hasta la saciedad. Nuevamente el mundo medieval está perfectamente recreado por el autor y en él tienen lugar la sucesión de desgracias, demasiadas, que le ocurren al protagonista y su familia. Con la única posible excepción del protagonista, Hugo, los personajes son los típicos de la época sin ninguna virtud a destacar fuera de los tópicos normales. Lo que puede resultar interesante para no iniciados son las descripciones sobre el mundo del vino en aquella época y por extensión a la actualidad. Su larga extensión requerirá de unas cuantas horas de lectura que puede resultar agradable si no nos cuestionamos su estructura, algo caótica, sus personajes y su desarrollo. Y ningún comentario por mi parte sobre si es o no una novela histórica: simplemente me entran dudas sobre alguno de los hechos relatados, seguramente debido a mi desconocimiento, pero la insistencia en Cataluña como si no hubiera más mundo alrededor me resulta por momentos sospechosa.